3x12: Biombo y chimenea

Introduce un texto aquí...

Primer caso


Mientras Edwards Richards investigaba el caso de Evan, Samuel atendió otro asunto, un asesinato. El de una mujer que fue asfixiada hace más o menos una hora, en un primer examen médico, tras un biombo, en su dormitorio. La casa de dos pisos donde fue encontrado la joven, parecía cuidada y hogareña. El cuerpo fue descubierto por su marido. Liverpool se pasó toda la mañana y gran parte de la tarde examinando el cadáver de aquella bella mujer llamada Jennifer Dubois. Era rubia y agraciada de rostro, de facciones grandes, con una figura esbelta y no más de los treinta. Agradaba a la gente por su sonrisa. El cuerpo también mostraba moretones por algunas partes del cuerpo. Tanto Sam como José piensan que estaba siendo maltratada. Luego, Samuel, interrogó al marido de la difunta, Michael Dubois, un hombre pelirrojo, con un bigote prominente y cara de ser listo, esbelto, un poco fornido y vestimenta elegante oscura. Tras interrogarlo, Samuel le consideró sospechoso por los cardenales de la víctima, pero Michael se defendió y pidió un abogado. Llegó el atardecer y Liverpool hizo un descanso. Decidió ir a tomar una cerveza al saloom de John Kruger. Pero al entrar, vio a su sospechoso principal hablar con el dueño, que en el pasado, Kruger fue abogado, sobre el asesinato de Jennifer, y de que como Liverpool andaba tras él para que confesase el crimen. Mientras Samuel oía eso, pidió una cerveza a Amber, la hija de John, que estaba un poco gruesa, pero seguía siendo agraciada de rostro. Sam no se pudo creer que aquella joven pelirroja, hija de una granjera y un abogado, era lo que más agradaba el ambiente en el saloom. John y Michael, tras la charla, se dirigieron a la barra. Kruger preguntó de forma graciosa a Samuel mientras Dubois se iba, seguido por la mirada fría de Liverpool, del saloom. "¿Qué tienes en contra de mi cliente?" "¿Es tu cliente?" se sorprendió Samuel. "Ahora ya sí." afirmó John con una mueca. El otro le comentó todo el caso y las dudas que tenía sobre Dubois, dado que no tenía coartada para el crimen. Aunque no tenía mucho de dónde tirar, salvo que Jennifer era rica, y ese era un buen móvil. Kruger le dice que encuentre más pruebas para una acusación formal mientras volvía al trabajo como barman. Samuel le comentó, "Si quieres puedes venirte conmigo dentro de un rato y te muestro todo lo que llevó investigado". John aceptó.

Más tarde, casi medianoche, John y Samuel llegaron a la vivienda de los Dubois y Liverpool le enseñó todo lo que había recopilado y donde había sido hallada Jennifer. Kruger, examinando el escenario, avisó a Sam. Ambos vieron en una mesilla de noche la dirección de una tal Jodie Crawford. Le sonaba de oídas. Tras eso, abandonan el escenario del crimen. Sam, cansado, se va con la prueba, despidiéndose de John. Los dos hombres planificaron quedar mañana a las nueve de la mañana.

Al día siguiente, Sam y John se reunieron en la casa de Jodie Crawford. Esta era una joven, de cabello largo rubio, recogido en un moño. Ojos claros y con la cara pecosa. Delgada y vestimenta veraniega. Sam comenzó a interrogarla sobre Jennifer y Michael Dubois. Ella era amiga de la mujer, sin embargo, el marido confesó que era un maltratador físico y psicológico. Liverpool lo aseguró, acordándose de los cardenales. Tras la breve charla con Jodie, Samuel aconsejó a John que aconsejara a su cliente de que le contase la verdad acerca de aquellos moretones.

Más tarde, tras la comida, Samuel fue al banco de Villa Rocosa, y preguntó al ayudante de Sean Lambert, dado que este último estaba enfermo, cuál era el estado de la herencia de la difunta Jennifer Dubois. El otro, temeroso, no contó todo. Liverpool se lo sonsacó al final, amenazándole que si no confesaba, iría a la horca. El ayudante, aparte, le dio un papel donde se vio los movimientos bancarios que hizo Michael en la herencia. Tras eso, Samuel volvió al escenario del crimen, hallando tras recorrer el dormitorio una pulsera de oro, con las iníciales M.D. Pensó que ya lo tenía.

Más tarde, Samuel invitó a John Kruger y a Michael Dubois a la sala de interrogatorios de la oficina. Samuel les enseñó todas las pruebas nuevas, tanto abogado, como a su cliente y comentó, mirando a Dubois:"usted lo hizo, ¿verdad?". El interrogado no contestó. Fue entonces cuando Liverpool leyó la declaración del banquero, asegurando de que si no cambiaba el testamento, su vida estaría en peligro. Michael, en contra de John, confesó el crimen. "Está bien, yo maté a esa zorra. Éramos una pareja. Un matrimonio. Y se supone que lo compartimos todo, pero un día te das cuenta de que todo es mentira. Quiso abandonarme. Irse." Dijo triste y enrabietado Dubois. Liverpool conjeturó: "Y fue ahí cuando usted la mató, no pudiendo permitir que escapase." El asesino dijo: "Yo no quería que sucediese. Al principio, intente calmarla y que recapacitara para que no cambiase el testamento. Fue un accidente." Samuel le contradijo. "No lo fue, y usted lo sabe. Lo planificó desde un principio. Y no solo le iba a dejar por la herencia. Seguramente le demandaría por ser un mal tratador. Y eso, fue lo que le impulsó a matarla." Ninguno de los tres habló más.


Segundo caso


Hubo una vez una mansión de tres plantas que pertenecía a un matrimonio. El esposo murió hace tiempo y su mujer heredó la fortuna de su esposo. No tenían hijos. A ella, en el pueblo se la conocía como Evan Rachel Miligan, la coja. Aquella cojera era de nacimiento. Pero por desgracia, Evan pasó a mejor vida. El cadáver de aquella joven mujer lo halló uno de los criados que trabajaba para ella. No le gustaba mucho la servidumbre, por eso solo tenía a dos sirvientes: Doan, la mujer de Archie, una mujer de rostro asiático, de facciones grandes y pelo moreno largo. Leal a su ama, y la que había hallado el cadáver. Por otra parte, estaba Joey, un hombre delgado y corpulento, con el pelo rizado rubio y cara alargada. Este solo quería heredar del testamento de Evan, dado que se lo había prometido.

Hacía un día caluroso. Edward Richards llegó al escenario del crimen sudando. Bebió agua, refrescándose el rostro. Subió hasta la segunda planta y habló con José Sánchez, tras ver el precioso rostro de la joven. Evan era rubia y de cabello largo. Facciones medianas y agraciadas de cara. Rondaría los veinte años y delgada. Llevaba un vestido de seda como pijama puesto. El doctor le dijo que no sabía cómo había muerto Evan, viendo el escenario. Había una chimenea, aún encendida, frente a ellos, y cerca de la cama. Perdió la vida más o menos hacía doce horas. En ese momento, llegó Ty Long y le informó a Richards. Long se codeaba con las personas ricas, y era amigo de ellos. De ahí que conociera a Evan y a su esposo. Según todos los lugareños, el matrimonio era buena gente y ayudaba, si podían, a la gente de Villa Rocosa. Sánchez, examinando el cadáver, vio una herida en la nuca. Avisó a los otros dos. Pensaron en un asesinato como teoría. Pero ¿Quién se beneficiaría?

Edward, minutos después, habló primero con Doan y esta testificó que no vio a nadie más en el cuarto de la mujer cuando la encontró. Aunque recordó a ver visto a Joey discutir con Evan minutos antes de que se fuesen los dos criados de la mansión y la dueña, meterse en su dormitorio.

Más tarde, Edward habló con Joey en su casa, que estaba hecha un desastre, acerca de la bronca que mantuvo con Evan, antes de que ella muriese. El sirviente le explicó que en realidad no le caía bien Evan. Le comentó que era una egoísta, una mentirosa. Que no cumplió la palabra: Evan prometió dejar la herencia a Joey cuando falleciera, pero en el último momento, cambió de idea. Pero le aseguró que no le asesinó. Edward sospechó de él porque podría ser un buen móvil para matarla.

Más tarde, de noche, Richards, tras haber confirmado que tanto Doan, como Joey, tenían coartadas sólidas y haber hablado con los vecinos por si alguien entró después de que los criados se marchase, fue a la consulta del doctor junto a Ty. Al ayudante se le quitó la absurda idea de que Joey sería el asesino de Evan tras verificar que decía la verdad. Al entrar en la consulta del doctor, Sánchez obligó a Long y a Richards de que les siguiese hasta la mansión. Ninguno de los otros se opuso. Ya quisieron destapar el misterio. Estando allí, se encontraron con Doan y Joey, que también fueron por el galeno. Ty preguntó finalmente: "¿Y bien? ¿Qué hacemos aquí?". A lo que José respondió: "Paciencia Long, paciencia". Los cuatro fueron al dormitorio de la difunta Evan y formaron un círculo. José expuso sus argumentos: "Bien, como sabemos, Evan Rachel Miligan era una buena mujer y heredera de estas tierras, ¿verdad?" Todos afirmaron, menos Joey en lo de que era buena mujer. José siguió: "Veréis, os he reunido aquí para que veáis lo que pasó posiblemente. Y así Edward deje de buscar alguna prueba contra Joey." Richards y Joey dudaron. Sánchez continuó. "Evan era coja de nacimiento y toda Villa Rocosa lo sabía. Lo que me lleva a pensar que su asesinato no fue tal crimen, sino un simple accidente." "¿Y en qué te basas?" preguntó Doan. El galeno comentó: "Posiblemente en la reconstrucción de los sucesos, es decir, cuando vosotros dos os fuisteis a vuestros hogares-Doan, Joey.- Evan se quedó sola, seguramente enfadada por la acalorada discusión con Joey, ¿no?" El criado afirmó enrabietado. "Bien, pero lo que sí que estoy seguro, es que Evan se tropezó con su bastón, cuando fue a hacer algo en la chimenea. Seguramente quería mover algunos troncos, aunque eso ya nunca lo sabremos. En fin, tras la mala mata de tropezarse, se dio contra uno de los bordes del bastón." confirmó, enseñándoles la sangre de uno de los extremos. "Y eso fue lo que la mató." Todos rieron y Long dijo aliviado: "Cada vez se aprende algo nuevo de los accidentes."


¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar