3x08: Mía.

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Pasa el tiempo desde que se resolvió el caso de John, el ex compañero de Corin Macbeth cuando eran jóvenes.

Es una muy tarde calurosa. Un grupo de moscas revolotean sobre comida podrida que hay al lado de un almacén de madera viejo, donde, en su interior, se escuchan ruidos. Son voces para que saliese bien una función. Todd, un hombre grueso y calvo, y director de la obra, pide cabreado a las cuatro actrices que intenta dirigir-Emma, Grace, Gabe y Mía-que se esforzaron por interpretar bien a sus personajes, pero es difícil dado que cada no sabe cómo hacerlo y se nota que hay rencilla entre ellas. Emma, una joven rubia, que le preocupa más su pelo ondulado que la obra, es bastante risueña. Grace es morena y también una entusiasta. Gabe es una gruesa mujer que lo único que le importa es ella llegar adonde sea y no le importa en ser crítica con las demás y sacarla sus puntos débiles para hundirlas en los periódicos. Y luego está Mía. Una joven delgada, con muy buena memoria para recordar cosas y se ciñe a lo que quiere obtener, sin importar a quien hiera por el camino. Piensa que los demás son como hienas y ella tiene que ser la más fuerte para sobrevivir en el mundo del espectáculo. Todd pide de mal humor que vuelvan a repetir una escena por ´enésima vez. Lo hacen cabreadas. Están cansadas y una de ellas pide un momento para ir a hacer sus necesidades, a lo que él le contesta que: "cuando los sapos sepan hablar, y ahora a la escena." Las actrices ponen la mirada perdida.

Por otra parte, Corin Macbeth, en su mesa de trabajo, en la oficina del sheriff, abanicándose mientras soporta aquel calor angustioso. Está preocupado por la disputa que tuvo con Danica Myers hace unas semanas. Está echando un vistazo a las pocas fotos en blanco y negro que tienen juntos cuando se le cae una lágrima. Jean Claude Murphy, otro ayudante de la autoridad, que también tiene otro artilugio de esos con el cual se está dando aire, se acerca con la silla, hasta ponerse a su lado y le pregunta.

-¿Cómo estás, colega?-dice, poniéndole una mano en el hombro.

Corin no contesta. El otro la aparta. Denzel Pollard, otro ayudante, se toca su mostacho y luego su rostro negro antes de besar una bola de papel que ha hecho. Denzel tira esa hoja arrugada a la papelera que hay cerca del escritorio de Macbeth.

En ese momento, entra Sam y M.L. por la puerta principal, dos ayudantes más, refugiándose y les avisa a los otros tres de que han hallado un miembro humano entre el pienso de caballos que hay en cerca de un almacén abandonado, donde están realizando pruebas para una obra para adultos.

Pasan varios minutos hasta que Aaron Cole y el resto del equipo investigando el escenario del crimen, ven que no está el cuerpo al que pertenece ese brazo, el miembro hallado entre el pienso. El galeno y su ayudante confirman, tras echar un rápido vistazo, dándole nauseas a la mujer, que el miembro puede pertenecer a una joven mujer.

Todd y el grupo de mujeres atestiguan que no han visto a Emma desde la hora de comer. Aaron piensa que ya tiene un nombre. Observa también mientras las está interrogando que las actrices no se llevan bien entre ellas. Las tres ponen a Emma como una puta. Cole se lo agradece y dejan que sigan con el ensayo, volviendo afuera, al escenario del crimen. Él junto al resto del equipo de ayudantes investigan los alrededores hasta que hallan a la víctima un buen rato después, escondida tras unos matorrales secos alejados del lugar, y muerta. Las artistas junto al director salen afuera y el sheriff les vuelve a llamar. Todas ellas tienen algo de nauseas cuando ven a su compañera sin vida y con un montón de insectos encima suya, devorándose poco a poco. La identifican como Emma. A la difunta se le nota que ha sido brutalmente apuñalada en el torso. Tras un desagradable primer vistazo para Juani Sánchez, la ayudante del doctor Richard Boston, determinan que murió a consecuencias de los navajazos. El asesino la enterró poco tras esos matorrales. Juani y Aaron ven un cuchillo ensangrentado cerca de la víctima, con un olor a perfume de mujer. Es como almendra fresca. La joven dice, estando convencida, de que lo ha olfateado hace poco. El sheriff también intuye que lo ha olido. Acordándose de a quién pertenece dicho perfume, vuelve al almacén, con la prueba en mano, y se pone delante de Gabe. Huele a almendras frescas y le enseña el objeto afilado. La mujer, siendo observadas por todos los que están en el interior (Todd, Mía y Grace), responde sorpresivamente mientras se muerde las uñas, que no mató a Emma, que la han implicado. El sheriff no la cree, la levanta con respeto donde está sentada y le pone las esposas. Se la lleva detenida. Aquella imagen se queda grabada en todos los presentes.

Pasan las horas, tras un breve interrogatorio entre Aaron y Grace, el sheriff la libera al no tener pruebas suficientes y ella insiste en que estaba sola cuando la asesinaron. Además, el hecho de que le cayese mal, no significaba el tener que matarla. Hay algo en la mirada y en cómo contestaba a las preguntas que hace que Aaron la crea. Grace sale de la oficina, cruzándose con una mujer mayor que viene enfadada, buscando respuestas, tras haberse enterado que su hija ha muerto. De aspecto físico es rubia, empoderada, agraciada, pese a lo mayor que está y bien vestida. Se presenta, malhumorada, como Kay y asegura, sacando una foto pequeña de un bolsillo y enseñarsela a Aaron, que es la madre de Emma, y que le parece inconcebible que dejase libre a Grace. Cole le promete que lo resolverá tras una discusión en la que es el centro de atención en ese momento.

Kay se va.

Mientras tanto, Danica y Tristin hablan debajo del porche de la segunda, donde ambas están sentadas en sus respectivas mecedoras de madera de pino y disfrutando del poco aire fresco que corre.

Llega la noche, hallan a Gade y a Grace muertas en un rancho pequeño que hay cerca del almacén donde están ensayando la función para adultos. Richard y Juani, soportando la segunda mejor el primer vistazo a ambas difuntas. Se fijan en que ambas mujeres mueren de la misma manera que Emma, apuñaladas salvajemente. Atisban otro puñal cerca de las víctimas y avisan al sheriff. Entre los tres se percatan de unas iníciales que hay escritas en él. Cole se lo agradece y va a interrogar a Todd, que está en el almacén, esperando al reparto, dado que solamente está Mía sobre el escenario. Todd va a decirle que alguien le ha robado cuando se sorprende al ver su objeto en manos del sheriff. Cole le interroga y él le asegura que no mató ni a Grace, ni a Gabe, ni a Emma. El otro le cree, al ver la misma expresión que en Grace.

Ambos hombres miran a Mía, que aún sigue sobre el escenario, sentada en un decorado, y sospechan de ella. Pero para ello, el sheriff tiene que tener pruebas. En ese momento, Aaron ve a Jaleel paseando afuera y sale del sitio iluminado por lámparas de queroseno. Le interroga, dado que él vive cerca del escenario del crimen. El negro, con ojos saltones, atestigua que vio a una mujer con las víctimas en el rancho. No la identifica bien, pero eso, al otro le vale, sospechando de la última mujer de reparto. Se lo agradece y le deja volver a su morada. Aaron se reúne con M.L., Samuel, y Andrew y juntos recorren ambos escenarios de los asesinatos, (el de Emma, y el de Grace y Gabe), con la luz de la luna como gran iluminación de todo el terreno. En la morada, ven pisadas de tacones de mujer, clavadas en la tierra. Piensan en el por qué. Aaron vuelve al almacén y preguntan a Todd, que está entre enfadado, temeroso y apenado un poco por la muerte de esas mujeres, sobre si hay alguien que tenga un motivo real de verlas muertas. El hombre calvo confiesa que las tres, junto a Mía, estaban compitiendo por ver quién se quedaba con el papel principal en la obra. Sam también escucha dicha respuesta y ambos piensan que sí que sería un buen móvil para los crímenes. Al no ver a Mia, Aaron pregunta al director. Este le contesta que le ha mandado de malas maneras a su camerino. Los dos tipos de la autoridad van para allá, con la ayuda del otro y Todd deja que los otros hagan su trabajo de detenerla. No quiere a una asesina en su función, y pensando en el adiós a su carrera. Tras una ruda charla, sin tener pruebas fehacientes, Mía sonríe, sin confesar.


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